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Maria Pallarès Sans
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 Entrevista al Dr. Ciril Rozman

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Hace nueve años oímos hablar del Dr. Ciril Rozman y su nombre resonaba en nuestro corazón. Nuestra hija Maria estaba ingresada en la Unitat d'Hematologia delHospital Clínic de Barcelona y él era el referente en la enfermedad de la leucemia y en los transplantes alógenos de médula ósea. Pero, además de un referente, representaba la esperanza para la enfermedad. Quien primero nos habló de él fue una veterana enfermera, servicial y excelente profesional. Durante los cinco meses que Maria luchó contra la leucemia el nombre del Dr. Ciril Rozman flotaba en el aire, pero él ya estaba entonces jubilado.

Ahora, el Dr. Ciril Rozman nos da la oportunidad de explicar sobre él y de su obra para el web de Maria.

 ¿Qué es para usted la vida?

La vida tiene muchas definiciones, anatómicas, religiosas, psicológicas, etc., pero para mí la vida ha sido muy compleja por las situaciones biográficas vividas que han sido muy complicadas. A pesar de todo, he intentado disfrutar de la vida, con momentos de felicidad y he intentado transmitir la felicidad.

 ¿Por qué escogió ser medico?

En el contexto que estamos, uno de los "Leitmotivs" fue la lucha contra la leucemia. Aún tengo despacho aquí, en el Hospital Clínic, y esto es excepcional porque cuando uno se jubila normalmente se le elimina. En los Estados Unidos, cuyo sistema tiene muchos defectos, tiene de bueno que intentan aprovechar el senado. Este despacho es un poco una oficina de promoción del último escalón de un Institut de investigación contra la leucemia que creamos con la Fundación Carreras.

"Siempre ha de prevalecer el interés del enfermo sobre los otros intereses."

Empecé muy joven la lucha contra la leucemia, innovando, y hace cincuenta años creamos la Fundació de l'Escola d'Hematologia que se fusionó con la Fundació Carreras. Ambas han conseguido muchos logros. Siempre he estado ocupado, pero cuando yo acabe y desaparezca el Sr. Carreras se acaba la obra porque las fundaciones desaparecen cuando faltan los fundadores y mueren sus referentes. Es el destino de todas las fundaciones. Por eso creamos una estructura que fuera en parte pública y en parte privada para que pudiera seguir. Nosotros, que habíamos intentado hacer tanto por la leucemia y ayudar a mucha gente, no solo aquí sino también en Europa, no teníamos centros propios de investigación. Por eso, la creación del Institut Josep Carreras con tres pies en tres hospitales: sede Clínic, sede Can Ruti y sede Sant Pau. De las tres, dos ya están aprobadas y la tercera a punto. El Institut ja existe, está en fase de embrión y servirá para hacer mucha investigación básica conjuntamente con los clínicos y, a la vez, que se hagan muchos proyectos con el fin de mejorar los resultados de la lucha contra la leucemia. Cuando yo empecé, hace cincuenta años, no se curaba nadie, el 0%. Actualmente, se curan un 80% de niños y un 50% de adultos; pero sentimos mucha pena por el resto de porcentajes. El objetivo del Institut es hacer mucha investigación y curar a todos los enfermos de leucemia.

¿Qué hago en la vida? Muchas cosas, muchísimas aún. Una de las que más me motiva es la lucha contra la leucemia, con la que empecé de muy joven. Ahora estamos en un escalón que creo dará muchos frutos y estoy seguro que este Institut será de los más destacados del sur de Europa en su terreno.

El motivo para centrarme en la lucha contra la leucemia fue el hecho de tener dos maestros muy destacados: el Dr. Pedro Pons, conocido como el gran papa de la medicina interna, y su principal ayudante, el Dr. Farreras Valentí con quien sigo unido con el libro: Medicina interna, que va ya por la 17 edición. El Dr. Farreras, que era discípulo del Dr. Pedro Pons, murió muy joven y entendió que a la Clínica Mèdica le faltaba la dedicación a la hematología y nadie se ocupaba de ella. Fue a Suiza i a Alemania para aprender sobre ella y me convertí en su ayudante; fui su médico, su amigo y su coautor. El fue quien me indujo en la hematología. Se dio una circunstancia biográfica especial que facilitó mi dedicación al laboratorio durante un año. En aquella época teníamos muchos enfermos de tuberculosis y entonces se les auscultaba directamente sobre el tórax cubriendo su superficie con un pañuelo y se me contagió la enfermedad. Eso hizo aconsejable que marchara de la clínica y estuviera en el laboratorio durante un año. Por este motivo, me quedé en el laboratorio y empecé la investigación. Hice una tesis doctoral sobre la citología de las células del bazo y éste fue el camino de inicio en la hematología. Empezamos a hacer muchas cosas sobre ella, pero cuando uno coge la hematología de manera global: serie roja, serie blanca, serie plaquetaria, coagulación, etc. se da cuenta que las enfermedades malignas son las más importantes. Hay muchas enfermedades que no son malignas como la anemia ferropénica y se arreglan fácilmente, pero la leucemia es la más grave. Empezamos implícitamente a luchar contra la leucemia y en el año 1954 abrí, con un discípulo mío y del Dr. Farreras, el Dr. Jordi Sans Sabrafén, el primer dispensario de hematología en el Clínic con una única enferma de leucemia. Después montamos la Escola d'Hematologia. Podría escribir muchos libros sobre la vida de la hematología en el Hospital Clínic y, sin duda, la dedicación a la lucha contra la leucemia fue un hecho muy importante.

Otro detalle personal, que no he explicado y que en mis biografías nunca ha aparecido, es el hecho que un sobrino mío, hijo de una hermana que vivía en Argentina y que se llamaba como yo, murió de leucemia a los quince años. Estoy hablando de la época que no se curaba nadie.

De motivos tengo muchos, pero básicamente el de intentar ayudar a la gente que tiene una enfermedad cruel muchas veces como la de la leucemia.

Sobre si han aumentado los casos de leucemia, ésta es una de las enfermedades malignas, pero hay más. Las razones de su aumento las ignoramos en algunas de ellas y en otras es a causa de la precisión en el diagnóstico. Esto es la prehistoria; ahora estamos en una época más optimista. No en el caso de Maria, pero ahora se curan muchas más. También en el caso de los niños es evidente, a excepción del primer año de vida que es más complicado.

Dos motivos más por los que escogí ser médico. La primera vez que pensé en ser médico en el sentido altruista, fue a los trece años y después mi biografía me complicó la vida. Llegué por casualidad a España, pero no estaba decidido del todo a quedarme por eso escogí una carrera pragmática que me permitiera ejercer donde fuere. En el caso de haber elegido otro tipo de carrera, como derecho, no me habría servido de nada.

 ¿Qué es lo que más le motiva en su tarea profesional?

Siempre he dicho que los médicos hemos de seguir una ética profesional. Es en la ética profesional donde debemos estar. Es importante decir que en la práctica médica ha de prevalecer el interés por el enfermo sobre otros intereses. No se puede negar que el médico tiene derecho a ganarse la vida, pero si se plantea un conflicto entre el interés personal o económico o de prestigio, siempre ha de prevalecer el interés del enfermo sobre los otros intereses. Esto es básico en nuestra carrera, pero no todo el mundo lo sigue. En Estados Unidos, por ejemplo, hay médicos que esconden a los enfermos posibles tratamientos terapéuticos con el fin de evitar gastos a las compañías aseguradoras. El sistema es muy malo pues no tienen el sentido social de España; aquí no pasa. La conducta ética es esencial. La ética profesional que en definitiva es la bondad. El Dr. Nothnagel, un internista alemán del siglo XIX, dijo: "Solo una persona buena puede ser un buen médico". El médico ha de tener dos facteas: preparación profesional y respeto a los principios éticos.

"La empatía entre el enfermo y el médico es substancial. Hay que decir lo que el enfermo pueda tolerar"

 ¿Por qué enfermamos? ¿Cree que están relacionados la mente y el cuerpo?

No hay una causa única de les enfermedades. Hay enfermedades que tienen una causa determinada: bacterias, virus, gripe, traumatismos. A parte de esto, hay enfermedades en las que la mente influye mucho. Ahora están de moda enfermedades como la fibromialgia y la fatiga crónica. Estas dos enfermedades tienen un componente mental muy importante, así como el síndrome del intestino irritable. El médico cuando ve a un enfermo ha de saber integrar estos aspectos, no solo orgánicos, sino también los mentales; incluso ha de tener en cuenta su ambiente social. Hoy día en una de las tragedias sociales como los desahucios, que es un hecho tremendo, también se tendrán que tener en cuenta estas consideraciones.

 ¿Le cuesta decir al enfermo que tiene leucemia? Cree que se ha de hablar claro al enfermo y a los familiares o es mejor decir la verdad a medias para no hundirlos de entrada?

Es una pregunta muy bien formulada. Los suecos, que son muy frios, tienen una conducta que es inadecuada para España y los hace ser demasiado directos. No se puede decir bruscamente. La empatía entre el enfermo y el médico es substancial. Hay que decir lo que el enfermo pueda tolerar. A los familiares más responsables del enfermo, por ejemplo en el caso de un niño sus padres, se ha de decir la verdad de la manera menos cruel y más suave posible y el enfermo poco a poco, en dosis pequeñas, ya lo va entendiendo. He visto muchos enfermos a los que no he dicho la verdad nunca, pero la han ido entendiendo. Por otra parte, el nombre de leucemia hace mucho daño; la gente se asusta porque impresiona demasiado. Es como el cáncer, mucha gente se asusta porque hay cosas que impresionan demasiado.

 ¿Qué sentimiento tiene cuando consigue curar a un enfermo y cuando se le muere algún paciente que no puede superar la enfermedad?

Unos sentimientos ambivalentes. Desgraciadamente recuerdo demasiado a los enfermos que se me mueren y menos de los que viven. Aún visito y veo enfermos a veces difíciles y de todo tipo. Ayer por la tarde, en concreto, visité a seis enfermos y los recuerdo. Tengo también muchos enfermos de Lleida. Veo enfermos de todo tipo porque considero que la medicina interna es la mejor forma de ejercer pues hay muchos especialistas que no entienden de medicina interna. El ejercicio de la medicina ha de ser integrado: biológico, psicológico y social; las tres cosas conjuntamente. Es crucial y eso solo lo puede hacer el internista. La gente que dice. "eso no es de mi incumbencia", mal asunto. Cada vez más hay gente que dice: "ya estoy cansado de tantos especialistas y quiero un director de orquesta". Eso, de todos modos, no impide que se consulte a un especialista. El médico internista ha de ser como un director de orquesta que intente entender al enfermo de manera global. ¿Por qué? Porque la medicina es muy engañosa. A veces el cuerpo se manifiesta con una molestia y el mal está muy lejos de la causa. He visto casos en los que la causa estaba muy alejada del mal. La medicina no es la superespecialidad. La superespecialidad es solo la guinda final. Todos los médicos superespecialistas que tengan que hacer primeras visitas han de tener rudimentos, conocimientos de medicina interna. La medicina ha de entenderse de esta manera, sino que no se pongan delante de un enfermo.

"El médico internista ha de ser como un director de orquesta que intente entender al enfermo de manera global"

 ¿Cuál ha sido su experiencia profesional que más le ha afectado?

Muchísimas, pero ninguna de manera muy especial. No quiero explicarle las experiencias más impresionantes porque prefiero ser optimista y mirar hacia delante.

 Ha dicho en alguna ocasión que está dispuesto a morir cualquier día. ¿Qué es para usted la muerte? ¿Qué cree que hay más allá de la vida? Una persona como usted, respetuosa con las creencias religiosas, ¿qué piensa de Dios?

Estas tres preguntas están relacionadas. Soy un hombre creyente. Le explicaré mi fe y mi experiencia religiosa, pero mi religión es muy tolerante. Tengo un gran respeto por la gente de otras religiones y por los ateos. Prefiero a un hombre bueno a un hombre religioso. Nací en una familia cuya madre era muy religiosa y me transmitió la fe. Mi fe es, pues, transmitida, infantil. Cuando ya de mayor conocí la naturaleza humana, la medicina y vi que todo era tan complejo, pensé que muy probablemente había un Ser superior. Es un intento de comprensión infantil que es la base de mi fe que queda soportada con la confluencia de mi fe y la ciencia. Me resulta difícil de entender, como ha pasado a mucha gente, la complejidad del mundo, de la naturaleza, etc. sin que haya un Ser superior. Mi religiosidad, como la de mi familia, nos condicionó la vida. Tuvimos que marchar de mi país porque teníamos el estigma de ser religiosos.

Ésta es la síntesis de mi religiosidad y de mi creencia en Dios y de mi creencia en la vida ulterior.

¡Claro que estoy dispuesto a morir! Si que creo en más allá de la vida. Seria muy triste que los esfuerzos que hacemos para intentar ser buenos, no hubiera ningún premio después. Es otra razón razonada.

Ésta es la síntesis de mi vida.

Para finalizar, comentar que unos cuantos compañeros me dedicaron un libro: Ciril Rozman. El reto asumido, donde hay muchas cosas mías explicadas; es prepostum. Se parece mucho a un libro que escribí con un amigo en honor del Dr. Farreras als 40 anys de la seva mort: Record i homenatge a Pere Farreras i Valentí, metge català (1916-1968). Estos compañeros quisieron hacerme un libro parecido y, aunque es difícil hacer un libro así en vida, no salió mal y se hicieron dos ediciones. Una, trilingüe: catalán, castellano e inglés. La otra, en castellano, porque en Madrid hubo un movimiento, parecido al actual, que comentaron que eso de la edición trilingüe no podía ser y se hizo una edición en castellano. En este libro hay muchas anécdotas sobre mi vida por si alguien tiene interés.

La entrevista con el Dr. Ciril Rozman ha sido muy interesante, una lección de vida. De él se aprende bondad y ciencia y respecto para todo y para todos. Aspecto éste que se hace muy evidente cuando habla de sus maestros y de sus discípulos; entre éstos, el Dr. Jordi Esteve, médico de Maria y por el que ella sentía afecto. Muy evidente la empatía hacia nosotros, los padres de Maria, al hablarnos del duelo y del dolor. Sus ojos vivos y cálidos transmiten vitalidad y energía.

Agradecemos al Dr. Ciril Rozman la oportunidad de acercarnos a su personalidad porque es la posibilidad de conocer un sabio, un referente de la medicina de Catalunya y del mundo.

M. Carme Sans Moyà
Barcelona, noviembre de 2012

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Última actualización: 2 de diciembre, 2012

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