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Maria Pallarès Sans
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Maria Pallarès y Josep Vives

 Entrevistas 

Presentación entrevistas

 Entrevista a Josep Vives, S.J.

Texto disponible en formato PDF

Josep Vives i Solé nació en Montferri (Alt Camp) en 1928 e ingresó en el noviciado de la Compañía de Jesús en 1945. Tras largos años de formación –humanidades, filosofía y teología- estudió Filología clásica en Oxford y se doctoró en Filosofía en la Universitat de Barcelona. Ha sido profesor de Dogmática en la Facultat de Teologia de Catalunya; también ha ejercido la docencia en la

Universitat Autònoma de Barcelona, en la Universidad Católica de Lisboa y en el ISET de Cochambamba (Bolivia). Su labor pastoral se ha centrado en los Ejercicios espirituales de San Ignacio. Ha publicado numerosas obras de teología y espiritualidad: Génesis y evolución de la ética platónica, Los Padres de la Iglesia, Examen de Amor: lectura de San Juan de la Cruz, Els Cent consells espirituals del Pare Diadoc, Creer el Credo, Si oyerais su Voz, Exploración del Misterio de Dios.

Aunque los datos biográficos que hemos apuntado son importantes, no son el motivo por el que hacemos esta entrevista. El Padre Vives forma parte de nuestra vida, es uno más de la familia. Presidió la celebración de nuestro matrimonio, bautizó a nuestros hijos, les dio la Primera Comunión, casó a nuestra hija Maria con Ignasi y ofició las exequias de nuestra hija en el tanatorio de Las Corts de Barcelona y en la Iglesia de Arbeca (Les Garrigues), donde está enterrada. La presencia del padre Vives, hombre de Dios y hombre sencillo de pueblo, siempre ha sido para nosotros una gran ayuda espiritual. Por todo esto y por lo mucho que le queremos, hacemos esta entrevista.

Hablar de Dios resulta muy difícil e imposible nombrarle. El lenguaje humano, pobre e inadecuado, queda muy lejos del horizonte luminoso de la divinidad; nuestras palabras sólo son tímidos balbuceos; se impone el silencio. No obstante, la teología de Josep Vives nos parece asequible; su lenguaje sencillo y claro ayuda a sentir el Misterio, una realidad tan grande y transcendente que no acabamos de entender.

Háblanos de Dios

Vosotros mismos acabáis de decir que es difícil hablar de Dios. Toda palabra humana resulta totalmente inadecuada. Y sin embargo, si logramos penetrar en la realidad de todo más allá de las palabras y los conceptos, intuimos que en el fondo ha de haber un Amor que todo lo mueve... y eso, innominable e indecible, seria lo que queremos denotar cuando decimos “Dios”. Es lo más hondo de nosotros mismos y de todo: el sentido de mi yo y de todo el universo. S. Agustín decía: más íntimo que mi intimidad, y más por encima de mí que todo lo que me rebasa.

  “Vivens homo gloria Dei” escribió San Ireneo.

¿Qué es la vida y qué sentido tiene?

Desde Dios puede verse un singular sentido de la vida humana. La Biblia dice que el ser humano fue hecho “a imagen de Dios”. Los griegos decían que la vida es una chispa divina – o una semilla divina -  caída en la carne humana. Todos balbucean por decir lo mismo: nuestra vida es algo que viene de Dios, que tiene algo de divino, un proyecto de Dios, como una extensión amorosa de Dios. Dios nos ha hecho para que vivamos de su amor, y para que retornemos a Él por amor. El sentido de la vida es vivir de y en una comunión universal: la comunión originaria con Dios, y, como consecuencia, la comunión entre todos los que vivimos de la misma vida divina.

Me gusta que me cites esta frase de S. Ireneo (¡y en latín y todo!), porque resume perfectamente lo que quería decir.: la gloria de Dios - el gozo de Dios – es la vida de los hombres, es comunicarles vida, que tengan vida... Pero Ireneo añade: “Y la gloria de los hombres es la comunión con Dios”.

  La Esencia del cristianismo según Romano Guardini, no consiste en creer en dogmas sino en creer y en seguir a una Persona - ¿Quién es Jesús de Nazaret? ¿Qué vigencia tiene hoy su mensaje?

Jesús de Nazaret es el que viene a hacernos concreto todo eso que quizás podría resultar demasiado abstracto. Jesús vine a decirnos con su ser-de-Dios entre nosotros que Dios –su Padre- es nuestro Padre: que todos somos hijos viviendo de la vida del Padre, que todos somos hermanos... Y Jesús no sólo predica, sino que practica la fraternidad, haciéndose hermano de los más sencillos, pobres, lisiados y hasta pecadores... Es evidente que esto es de actualidad perenne. Precisamente porque los hombres parecen particularmente empeñados en lo contrario, en destruir la fraternidad por prepotencia, egoísmos, exclusiones, marginaciones, por querer cada uno hacer su vida a costa de la de otros, contra otros. Sólo el mensaje y la práctica de Jesús puede salvar al hombre.

  Estuviste presente en muchos momentos importantes de la vida de nuestra hija Maria y nos acompañaste durante su enfermedad y su muerte

Cuando va pasando el tiempo, más se me va imponiendo el recuerdo de María como el de una muchacha que supo vivir esto con una enorme naturalidad y espontaneidad, quizás porque lo había vivido de vosotros, sus padres. Ella era abierta, sencilla, atenta a todos, dada a los demás, discreta, sin ninguna suerte de afectación o aspaviento. Le salía de dentro. Por eso era tan agradable estar con ella. Era como luminosa y cálida, sin artificio, limpia, sin pose. Te sentías a gusto, querido, tranquilo a su lado. Irradiaba paz, hasta en sus últimos días tan penosos en el hospital. En su corta vida llegó a una madurez y a una plenitud extraordinarias

  Ante la muerte de personas jóvenes nos preguntamos ¿Por qué? Suele pensarse en el destino. ¿Qué se puede decir? ¿Cómo ha de afrontar un cristiano la muerte? ¿Qué podemos esperar en el más allá?

 La muerte de un ser humano, y más si es joven, se siente como un absurdo. Una vida es siempre una abertura y una promesa. ¿Por qué  ha de truncarse de golpe una vida con todo lo que parecía prometer? No hay palabra humana que pueda dar respuesta a esta pregunta. Lo que antes he dicho sobre el sentido último de la vida quizás puede levantar una esquinita del velo de misterio de nuestra existencia aquí: la vida es un don que se nos ha hecho, que viene de Dios y vuelve a Dios. Como decía la vieja tradición cristiana, nuestra estancia aquí – que nosotros valoramos como total y definitiva – es sólo transitoria. Nuestra verdadera patria no está aquí, sino en Dios, del cual venimos. Como decía S. Pablo nos cuesta ser desvestidos de nuestro cuerpo mortal, pero es para ser revestidos de inmortalidad...  Lo que pasa es que cómo será esta inmortalidad no lo podemos ni imaginar...; y, entre tanto, sólo tendemos el dolor y el vacío de la ausencia. Lo que podemos barruntar es que, si nuestra vida viene de Dios y es un don amoroso de Dios, Dios no puede dejar que eso se pierda definitivamente en la nada por un accidente biológico o circunstancial... A mí me gusta ponderar el sentido de un precioso verso del salmo 116. Dice: “Al Señor le dolería la muerte de los que le aman (algunas traducciones dicen: la muerte de los que Él ama). Ah, Señor, yo soy tu siervo desde el día en que nací. Tú me has roto las cadenas...” Sí, hemos de pensar que también a Dios le dolió la muerte de vuestra hija, y le dolió todo vuestro inmenso dolor. Pero, a otro nivel, Dios liberó la vida que Él le había dado, rompió sus cadenas... Como esperamos que nos libere a todos, y que nuestras vidas puedan tener su pleno sentido en Él y todos con Él. Sé que este modo de hablar puede sonar a palabras hueras: pero, pensándolo con  hondura, sugiere algo que puede tener mucho sentido. Morir significaría volver a la plenitud que, por su origen, la vida humana exige. No me atrevo a decir más: sólo me atrevería a repetir: nuestra vida, que viene toda de Dios, está siempre en manos de Dios.

  Y, por último, ¿cómo podemos/debemos vivir la presencia de nuestra hija?

Vuestra hija está presente en vuestras vidas, pero de otra manera. Ella quiere seguir siendo como lo que fue: vuestro gozo, compañía, inspiración, aliento... No tenéis que dejar que su ausencia física corroa negativamente vuestras vidas. Seguro que ella no quiere esto, sino todo lo contrario. Podéis preguntaros a menudo en las diversas situaciones: ¿cómo actuaría aquí María? ¿Qué desearía ella para nosotros? Y estad seguros de que ella os acompaña mucho más de lo que podéis percibir e imaginar.

 

José M. Pallarès Soubrier

Marzo, 2008

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Última actualitzación: 16 de Marzo, 2008

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