Maria Pallarès Sans
Fem cadena Editorial - Biografía - Entrevistas - Libro de visitas -  Textos  - Guía de recursos

 Maria, mi hija muy querida 

Ir a textos


Texto disponible en formato PDF

Soy el padre de Maria y siento su presencia dentro de mí con toda la fuerza del espíritu. Durante meses no he podido escribir de Ella; me sentía incapaz, bloqueado. Mis sentimientos no encontraban cauce y las palabras carecían de la plenitud y brillo que Ella merece. Una y otra vez el papel quedaba en blanco, como tierra árida.

Hoy vengo del mar, donde la inspiración inunda mi espíritu y el agua baña mi cuerpo. Pero tampoco estoy seguro de que mi barca pueda adentrarse mucho en el mar. Estas aguas son todavía muy profundas.

He encontrado un texto breve, sin fecha que trascribo:

"Maria , mi hija muy querida:

Pasan los días y aunque estamos mucho tiempo juntos, nos queda mucho por decir. En muchas ocasiones no necesitamos palabras para comunicarnos, nos conocemos muy bien y adivinamos casi todo. No obstante, ayuda mucho a manifestar con palabras lo que llevamos dentro.

Es cierto que me cuesta mucho entregar a mi hija.. pienso que a todos los padres les cuesta. Es reconocer que otro es el protagonista, que otra se sienta en el trono de tu corazón, que pasas a depender de otra persona... etc. Y esto no resulta fácil... Desde hace un año todo ha transcurrido demasiado rápido, sin apenas darnos cuenta. Tú lo has vivido con mucha ilusión"

Persona , muy persona; así es mi hija.

El legado de mi hija es grandioso, muy generoso, impresionante. Como padre siento una emoción muy profunda, indescriptible. Maria afrontó su enfermedad e incluso su muerte con una dignidad plena, con una generosidad y nobleza son límites, con un amor incondicional a todos. Si siempre había sido especial, muy dulce y amable, con mucho ángel, en esta última etapa alcanzó un nivel humano tan alto que mi cuñado Faustino, poco propenso a hipérboles, dijo que era lo más sobrenatural que él había conocido y vivido.

Esté donde esté, lo cierto es que Maria ya no sufre, no puede sufrir, no es vulnerable; si nos atenemos al contenido de la fe cristiana, la vida en la casa del Padre es una vida plena, gloriosa. La enfermedad, el sufrimiento y la muerte de nuestra hija ya no existen; son un pasado sin retorno. Su ejemplo luminoso, su legado, su presencia en nosotros sí sigue siendo un acontecimiento que nos cala muy dentro y nos hace más humanos, más personas... queremos parecernos a Ella.

Como padre de Maria siento dentro de mí una fuerza enorme, unas ganas muy intensas de vivir con dignidad, de ser comprensivo y amable, de tratar con máximo respeto a todos los seres humanos y de forma muy especial a los más sencillos; de intentar redescubrir que la vida es bella y que siempre hay un "lado bueno" como el otro día dijeron de Alfonso.

Es cierto que nuestra vida ha cambiado; pero nuestra hija hace que sea a mejor. Están sucediendo hechos que tienen mucho de prodigio y, cuando tratamos con las personas, constatamos, una vez más, que quienes conocieron a Maria la recuerdan con un emocionado cariño.

José M. Pallarés

arriba

Última actualitzación: 19 de Junio, 2005